martes, 22 de mayo de 2012

Never alone

Porque te lo mereces. Porque, como eres única, te lo has ganado. Así que darte este gusto es lo menos que podías (y pueden) hacer por tí. 
No necesitas que te estén diciendo todo el día qué es lo que esperan de tí. Que esto y aquello son importantes para tu fururo, y que eso y lo de más allá lo es para el suyo. Todo eso ya lo sabes más que de sobra. Te lo han repetido tantas veces que, a estas alturas, es imposible que se te olvide. Simplemente lo alejas de tu mente en determinados momentos, coincidiendo generalmente con esos momentos de "Recuerda que..", "Debes estudiar día a día porque...", etc.  Pero eso es la rutina de todos los días. Eso ya está más que superado. Tampoco te hacen falta todo eso que te dicen de los novios. Que si esto que si lo otro... (¿y a ellos que más les da?).
Yo creo que eres una de las personas más afortunadas por tener a alguien que te quiera tanto. Sé que llevamos trece años juntas y espero que la cifra siga creciendo. Sé que te quiero tanto como una gemela, pero su amor es lo que te hace irradiar esa felicidad que me contagias todos los días. Todas las tonterías que hicimos, hacemos y hareos juntas son parte de las dos. Que yo no puedo ser una persona seria si te tengo al lado porque, recordando todas nuestras locuras, se me escapala risa. Que nuestros míticos ataques de risa los conocen hasta nuestros padres. Que como experiencia de la vida es el mayor recuerdo que tengo, incluso el mejor.
Es decir, lo dicho (valga la redundancia). Hoy te lo mereces. Eres única, por lo que te lo has ganado (a pulso y conciencia). Así que darte este gusto de mencionarte en mis reflexiones es lo menos que puedo (y pueden) hacre por tí.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Reescribiendo en un papel mojado.

Al igual que la tinta de un bolígrafo, las nuevas ilusiones que llevo en mi interior se deslizan a su capricho, sin orden ni concierto, al libre albedrío... Y mientras, la tristeza se va borrando del mapa. Poco a poco el papel se seca, y escribir resulta más fácil, trazando nuevos caminos y dejando ver nuevas luces.
Los miedos de antaño quedan lejos, y las heridas del pasado ya se están curando. Así que, despacio y sin prisas, me voy recuperando. Ya consigo mantenerme en pie. Puedo volver a andar hacia lo que creo. Sigo luchando por aquello que me importa y vuelvo a ser yo misma. Más "vieja", más sabia (o igual de tonta), más de aquello de lo que la vida te enseña. Más de todo despúes de levantarse una vez caída, una vez en el suelo, una vez tocado el fondo. Hoy me he dado cuanta. Hoy he mirado al presente. He hecho frente a mis problemas y, con ayuda o sin ella, los terminaré de solucionar. Pero hoy, más que nunca, he visto lo que tengo y lo que en un futuro puedo perder. Ya sea a causa de mí, de tí, de él o de ella... no es bueno perder aquello que llena tu vida a cambio de nada. Que entren otros en tu vida forma parte de cada uno, y el saber aceptarlos es tan solo un trozo de aquello que todos debemos aprender. Que si se van y no vuelven tu puedes decir "Al menos lo he intentado". Así que, una vez derrochada la energía, una vez desahogados todos los sentimientos (y una vez desbordada de ellos), una vez retomados mis pensamientos... Creo que debo pedirte disculpas. Necesito que me perdones y que vuelvas a confiar en mi. Necesito que me ayudes a comprender que es lo que ves en él, para poder terminar con todo esto. Quiero poner fin a eso que por celos, orgullo y arrogancia empecé.

lunes, 7 de mayo de 2012

¡ Silencio ! Tú ya no mandas

A lo largo de todo un camino, nos preguntamos cosas como: ¿Quién soy? ¿Qué razón de ser tiene mi vida? ¿Gira el mundo conmigo? ¿Giro yo con él?...Nunca es fácil buscar la verdad. Nunca es fácil sentir que es el tuyo el juicio equivocado. Nunca es fácil conseguir aquello que más nos importa... Pero aún así siempre es más difícil perder lo que tenemos por poco que sea.
Mi niña, quiero que sepas que las corazas de hierro, las tinieblas de alrededor y los muros altos no son más que protecciones para un blando corazón. Que todo a lo que resiste le condena a vivir encerrado en sí mismo, temiendo al exterior. Quiero decir que saber gritar a favor o en contra de lo que creo forma parte de aquel al que considero valiente, pero no de mi. Que todo cuanto siento lo escondo bajo el candando del miedo y pierdo la llave a drede para no caer en la tentación de sacarlo. Quiero que sepas que tú más que nadie sabes responder a mis preguntas y guiarme a lo largo del sendero.
Sin embargo he de decirte que, como luz que eres en este oscuro túnel, cada vez palideces más dando lugar a las sombras que me corroen. El relato de mi vida ya lo conoces. Lo recorres conmigo todos los días, pero siento que me voy alejando. Que poco a poco las cosas importantes de tu estela van ocupando el lugar que nunca supe defender. Poco a poco llenan los vacíos que dejo por miedo, cobardía, celos o envidia. Poco a poco me muestran que, el día que me muera el sol volverá a salir. La noche volverá a pasar de largo y el mundo seguirá su camino. Así que, solo necesito poder decirte "Quisiera ser como tú; déjame estar a tu lado" Pero lo único que sale de mi garganta es el mensaje ahogado por su voz. Ese tono grave que te quiere de forma diferente a como te quiero yo. Estando en aquello que solo era nuestro. Aquello que yo más quiero y he gurdado celosamente entre mis murallas para "protegerlo". Aquello a lo que tu has abierto el camino para aquel al que amas.

De mí, para tí, porque sí

Amanecía gris y frío, cómo no... El invierno es la estación más emociomante que conozco. Es capaz de provocarte sentimientos contradictorios a la vez. Por ejemplo, no hay cosa que más desteste que las lluvias torrenciales, las mojaduras que provocan, las heladas nocturnas... y sin embargo quiénes seríamos sin la nieve, sin el niño de dentro que se lo pasa mejor que nosotros mismos aun siendo de nuestra parte. Y la Navidad. Sin Navidad diréctamene no seríamos personas, sin sus reencuentros familiares, sin las fiestas en casa y por la calle...(sin los regalos) Todo en tan solo tres meses. Es a este punto donde quería llegar. Todo depende del punto de vista del que se mire. TODO.
Para acompañar al día, mis sentimientos no eran de color rosa que se diga. Más bien estaban empañados de esa niebla que todo lo confunde. Ya desde que me levanté todo me parecía mal. El mero hecho de que alguien dijese "Buenos días" ya era objeto de reproche. Porque esto, porque lo otro, porque lo de más allá...  No había forma de tratarme. 
Pero siempre hay una personita. Esa que te lleva aguantando lo indecible durante trece años y sumando. La necesitas, ya no puede ser alguien diferente, ya puede acabarse el mundo que hasta que no la encuentres no te salvas a tí mism@. Es a tí mi querida personita a quien le dedico mis palabras.

Lágrimas y final

Hace dos años, ya en vacaciones, estaba charlando con unos amigos cerca del muro que separa el río de la casa de mis abuelos cuando un chico nuevo apareció de pronto; se llamaba Paul. Tenía un aire misterioso, siempre callado y observando a su alrededor, siendo singularmente él. Tenía el pelo moreno y le tapaban unos preciosos ojos azules oscuros como la noche. Era bastante extraño que estuviese con más gente que no fuese consigo mismo. 
La gente se empezó a ir hacia sus casas con diferentes excusas, hasta que nos quedamos los dos solos. Yo sentada en el respaldo de un banco, él de pie. Yo con un vestido y unos zapatos negros... Alguien me llamó desde la otra parte del río así que tuve que irme. Me levanté, caminé, y después de pensarlo unos segundos me giré hacia el muro; ya no había nadie.

Empecé a enfocar la vista en una persona que estaba sola en el parque que se veía desde la ventana del salón. No se le distinguían las facciones, pero se podía apreciar que estaba con la cabeza mirando al suelo. Se puso justo en el centro del parque y empezó a subir la mirada. De repente, en medio de la noche brillaron dos preciosos ojos medio escondidos y se pararon justo a la altura de mi ventana. Sentí como se me aceleraba el corazón y se me congelaba la sangre en las venas mismas. Sentí el impulso de bajar corriendo al parque. Abrí la puerta, bajé las escaleras corriendo(casi me caigo), salí del portal y llegué. Allí estaba, en medio de la pequeña plaza mirando todavía a esa ventana. No me atrevía a adelantarme, no quería moverme por si volvía a despertar. Simplemente esperé a que él se girase, pero no lo hizo así que poco a poco me fui acercando hasta quedar rozando su espalda.
Cuando ya respiraba en su nuca, fue cuando se dio la vuelta y me miro. Era él, ÉL y ahora lo era de verdad. Un subidón de adrenalina empezó a sacudir todo mi cuerpo. Nos encontrábamos frente a frente, mirándonos a los ojos, reviviendo sentimientos, en un silencio que interrumpió para decirme: 
-Hoy quiero que sueñes. Que sueñes lo que quieras, lo que más desees, lo que más feliz te haga, lo que llene el vacío de tus penas en cualquier momento.
- Hoy he tenido un sueño- le contesté- Soñé que volvías a estar a mi lado, que volvía a mirar esos océanos que te permiten ver, que volvía a sentirte cerca... fue entonces cuando desperté.

Todo de golpe

Me desperté en la noche oscura tal y como había quedado al irme a dormir. Estaba destapada y temblando no se muy bien si de miedo o de frío, tenía los labios morados y casi no los sentía, no podía articular las manos... Abrí los ojos, casi sacándolos de su órbita, y abiertos, muy muy bien abiertos, me di cuenta.
Rápidamente y sin pensar me incorporé. Recorrí una y otra y otra vez el espacio en el que me encontraba, delimitado, familiar, caliente... Todo había pasado, nada era desconocido para mí. La ropa seguía tirada en la silla, la mesa estaba llena de libros, el armario colocado excepto las chaquetas... Todo era justo con antes de ir a acostarme. Respiré. Me sentía aliviada de saber que todo había sido un mal sueño, un producto de mi imaginación, sin embargo, un hueco en lo más profundo de mi corazón si iba haciendo cada vez mayor. Me hacía ver en cada rincón esos ojos azules que una vez me miraron. Esa silueta recortada en lo más oscuro de las sombras reaparecía apuñalándome. Se burlaba de no haber existido, de ser un ideal inexistente.
Salí de mi habitación y me dirigí al salón. Desde que era pequeña ha sido mi refugio en las noches oscuras y frías, o en aquellos momentos que necesitaba estar sola conmigo misma. Me senté en el sofá, mirando hacia la ventana, sin ver nada y con la mirada perdida en algún punto indefinido de la calle. Me senté a pensar en todo lo vivido a lo largo de aquel tiempo, que en realidad no había sido más de dos o tres horas. El miedo, el frío, la sensación de  conocer ese sitio, la niebla, el muro, la impotencia... ¡ EL MURO!  ¡¿Cómo no me había dado cuenta antes?! "¡Ha estado todo este tiempo delante de mi la respuesta y no la he visto!" Todo me vino de golpe, se confundió unos segundos y al ordenarse recobró el sentido de nuevo.

Efímero...

Me desperté. Estaba echada al pie del muro, casi sin fuerzas, y no recordaba nada de lo ocurrido. Me incorporé todo lo que pude y miré a mi alrededor. La niebla, el suelo, la enorme roca de detrás y él...¿y él? ¿Dónde  estaba él? Lo único agradable que podía encontrar y que había encontrado ya no estaba. Al darme cuenta me sentí como si un camión me hubiera pasado por encima, así que dejé pasar el tiempo. Otra vez la misma situación. La desesperación era tal que no reaccioné en horas incluso. Era una simple persona sentada en el suelo y recostada en una pared, vestida entera de negro...¿De negro? ¿Vestido, medias y zapatos negros? Hasta ahora nunca me había fijado en qué ropa llevaba. Me quedaba bastante bien, la verdad, pero tampoco le di más importancia.
Si el pensar, el intentar averiguar, el querer saber por qué me quitaba fuerzas poco a poco, no iba a luchar ya contra ello. Hubiera sido mejor desestir desde el principio y ahorrarme el sufrimiento, pero antes de aprender hay que cometer el error. Me empezó a doler la espalda por la postura tan rara en la que me había quedado, así que eche a andar (otra vez) para despejarme un poco. Un pie, luego el otro, el primer pie, despúes el otro...etc empezaba a estar harta desiempre lo mismo, siempre esperanza y derepente sufrimiento...siempre siempre  siempre ! ! !

Tu nombre, es lo único que necesito...

Una vuelta, dos, tres...cien...tropecientas, ya no las podía ni contar. Tanto a la derecha como a la izquierda no paraba de girar a mi alrededor y lo pero de todo era que no había palabras. Me sentía como un experimento que tomó otro rumbo al deseado. Él era el experto evaluando los resultados, yo la nueva invención y el silencio el asesino de toda tranquilidad. No sabía si podía hablar, ni sabía si podía mirarle casi ni respiraba para no molestarle... ¡me sentía tan extraña! -"Puedes respirar, que yo sepa es imprescindible para vivir." -dijo. Me hizo gracia, se había dado cuenta sin mirarme siquiera y sonreí. En todo el tiempo que llevaba en aquel "mundo" era la primera vez que tenía razones para ser feliz (por poco o mucho tiempo que fuese) La tortura de aquel lugar era algo más ameno en aquellos instantes.
Subí la cabeza para mirarle cara a cara, mientras él seguía dando vueltas alrededor de mí, y buscando esos luceros que me llenaban de esperanza, aunque me moría de nervios sin razón aparente. Tenia que preguntarle así que respiré, tomé aliento (más de dos veces) y dejé salir todo lo que llevaba dentro.

 - No sé si te molesto ya que se te ve tan concentrado, pero...

No me dejó terminar la frase porque lo hizo él por mi

 -... pero me agradecerías que te contestase a todas esas preguntas que te rondan por la cabeza. No sabes qué es lo que haces aquí. No sabes qué significa el muro que te consumía, etc.

No era exactamente lo que me esperaba como respuesta pero, sin embargo, era exactamente lo que iba a decir. Así que viendo lo ocurrido simplemente me callé. Empezaba a sentí que todo en lo que pensaba él lo iba a saber, por lo que decidí pensar en tonterías como 1+1=2 o cosas por el estilo, no sin sentirme como una tonta. Fue entonces cuando se me ocurrió la pregunta más simple hasta el momento; ¿cómo se llama? A lo que su voz contestó apaciblemente: - Eso todavía no te lo puedo decir.

¿Yo...?

Azules...eran tan azules...un azul cristalino que iluminaba toda la oscuridad de aquel lugar. Me miraban apaciblemente y calmaban, a su vez, toda la tormenta que tenía en mi interior. Parecían intentar salir de esas tinieblas y mostrar consigo el rostro que los portaba, pero este se resistía a dejarse ver. Ya no había llanto, solo lágrimas que recorrían mis mejillas desde unos marrones ojos y pronto las pocas lágrimas que persistían en rodar por mi cara, cayeron en el olvido dando  paso desde la tormenta a la curiosidad. 
Sin decir nada esos ojos transmitían esa seguridad que poco a poco el muro me había arrebatado, por lo que inevitablemente sentía el tener que preguntarles todas mis dudas, totalmente convencida de que sabrían las respuestas. Sin pensarlo dos veces me levanté del "suelo" inexistente, enjugué mis lágrimas y me coloqué enfrente de la oscura silueta que se intuía alrededor de aquellos zafiros resplandecientes. Los miré durante un largo rato, en silencio, pensativa, algo dudosa de preguntar nada... pero al fin me decidí.

- No sé quién eres, no sé si eres real o eres como este"mundo" (si esque lo puedo llamar así), no sé si te tendría que conocer, no sé nada. Simplemente sé que tengo demasiadas preguntas sin respuestas, así que ¿me podrías ayudar?

No obtuve respuesta. Era como si se lo estuviera pensando o intentando decidir si aceptar o no, por lo que simplemente esperé. Un tanto después yo ya daba toda contestación por perdida cuando de pronto aquellos preciosos ojos desaparecieron. Me quedé...¿confundida?...¿sorprendida?... ni idea, simple y llanamente no se ajustaba a lo preestablecido en mi mente como reacción coherente. Y sin ton ni son alguien respiraba en mi nuca. Oía su respiración tan cerca que no sabía si era la suya o la mía. La oía como si estuviese respirando al lado de mi oído. Su pulso era lento y acompasado, todo lo contrario al mío; tan acelerado como me podia permitir. Transmitía un frío sobrecogedor, pero cálido a su manera. Dudé en si girar para ver a aquella persona que se erguía plácida y confiadamente a mis espaldas cuando...

- Sé quién eres, sé qué es lo que quieres, sé tus preocupaciones y tus sin vivir y sé las respuestas de las preguntas que pasan por tu mente y de todas aquellas dudas que te desconciertan y te consumen. Únicamente se me escapa el dato del por qué tu.

¿Por qué yo? ¿Qué querría decir con eso? ¿Cómo es que me conoce? ¿Por qué darme más dudas? No era capaz a reaccionar.  Más preguntas azotaban mi razón, me volvían a llevar a la tempestad desaparecida, me arrastraban consigo al desorden y al desastre. Sin embargo no me alteraron. Había un no sé qué en ellas que me mantenía serena y razonablemente tranquila.

viernes, 4 de mayo de 2012

¡No puedo más!

Un día de esos en los que estas desolada. Un día de esos en los que te apetece no seguir llamándote ser vivo. Un día de esos en los que acabaste con lo más preciado del mundo para ti. Un día de esos en los que ni la sonrisa más profunda y sincera puede salvarte de las garras de la tristeza.
Había comenzado la mañana y me disponía a clase, como todos los días. Empezaba de nuevo la jornada escolar, pero "como siempre" era casi invisible para el resto de las personas. Las clases pasaban sin remedio pero a su vez me alegraba de ello, porque pronto podría llegar a casa y encerrarme en mi habitación.Olvidarme de todo, seguir aguantando el peso de la vida un día más, pero, pero... ¡¿QUÉ!?
Todo el paisaje que había, todo lo que había sido igual hasta ahora, el muro, d..don..¿Dónde está? Solo se ve... solo hay...  nada  es todo nego y vacío, si ni hay suelo o algo por el estilo... Sin embargo, eso que siento, esa soledad, ese falso recuerdo ¿qué son?¿por qué los tengo? Solo tenía parte de la respuesta a mi "estancia" en este lugar; el muro, pero nada más. ¡¡Ah!! Era demasiasdo... desconcertante... cansino el no eltender... ¡Es que no m encaja en la cabeza nada de lo ocurrido! (y seguramente nada de lo que vaya a pasar) Me eche a llorar, todo me sobrepasaba,era como dar vueltas y vueltas sin una salida. ¡NO puedo más, NO puedo más! Era lo único que se me pasaba por la cabeza...hasta que esa sensacion que producía en mi "estar observada"
se presentó en forma de unos preciosos ojos.

Y...¿¿ahora??

El mundo pareció detenerse, solo unos instantes o solo unas horas.... quien sabe. Todo resultaba ser tan imposible como volver a acciones pasadas, pero viendo lo ya vivido, nada era como debería ser. No era blanco o negro, no eran colores, no era verdad o mentira, no era real o imaginario.... simplemente era. Cansada de pelear contra viento y marea en una batalla perdida, decidí dejar de buscar el sentido común inexistente de mis emociones y de todo aquello. Simplemente me dejé llevar.
Olvidando lo que a mis espaldas se alzaba empecé a andar sin rumbo fijo. Lo único que hacía conscientemente era poner un pie delante de otro y avanzar monótonamente. Unas veces lo hacía en línea recta, otras giraba ligeramente hacia la derecha o hacia la izquierda... no sé muy bien... ¿Cómo sabes que lo que tu crees que es la derecha lo es, si aquello era el mundo del revés? Y viceversa... Sin fuerzas para seguir dejé de hacerme preguntas.
El paisaje no cambiaba, había sido siempre el mismo desde que tenía conciencia de haber llegado, así que para qué ser diferente ¿no? Sin embargo lo que sí era diferente era el ambiente. Tenía la sensación de ser observada por algo o alguien pero no veía nada...Todo borroso por la niebla y todo igual; era desconcertante.
Después de andar un rato, un largo rato, me dio por mirar detrás para ver lo lejos que había dejado ya el muro. Pero para mi sorpresa y terror estaba igual de cerca que antes de empezara andar. Y como si eso fuese poco seguía notando esos ojos desde el vacío en el que estuviesen.
Esa enorme muralla me llamaba. Era lo que me retenía aquí, seguro. Pero... ¿entonces?

No sé por qué...

Todo era confuso y borroso. No sabía cómo reaccionar o qué pensar. Era demasiado extraño como para darme cuenta de nada y a su vez me resultaba tan familiar... De repente dudas e imágenes o recuerdos se mezclaban en mi memoria y aturdían aún más mi mente haciéndome vacilar en varias ocasiones. Momentos después, tras un "período" de tranquilización, empecé a mirar a mi alrededor buscando el por qué de aquella nostalgia que me invadía. lo más chocante se podría decir que, por mucho que mirase, no se veía nada. A la derecha suelo interminable y niebla, a la izquierda suelo interminable y niebla, delante suelo interminable y niebla... pero detrás... Detrás había un inmenso muro de fría piedra. Su ancho y su alto se perdían de vista al mezclarse con el resto del paisaje. Temerosa de lo que pudiera pasar acerque una mano y toqué la barrera inerte que se encontraba a mi espalda. Frío... era lo único que podía sentir. Notaba como poco a poco todo mi calor se veía reducido por tinieblas de hielo que llegaban a calarse en mis huesos. Sin embargo, no podía retirar la mano. Era una sensación estremecedora de la que no podía desprenderme que hacia, a su vez, que me fuera acercando más y más hasta quedar pegada a la roca.
Inerte, descorazonado, oscuro pozo sin fondo... y no podía alejarme de él. Lo acariciaba ¿intentando comprender?, quizás. Lloraba ¿por la extraña forma en que transmitía aquel sufrimiento?, a lo mejor. No sabría describir mis emociones. Eran demasiadas, confundidas, desordenadas...
Cálido, corazón latiente, luz al final del túnel...y no podía separarme de él. Lo acariciaba ¿por esa sensación tan familiar?, quien sabe. Lloraba ¿porque la soledad que me invadía se iba? No, eso no; los sentimientos que ahogaban mi corazón eran contradictorios. Pero ¿por qué?... seguía siendo mi pregunta. Una pregunta a la que le faltaba su respuesta.
De repente algo cambió; vacío, todo lo que sentía y nada a su vez. Me había separado y me encontraba como en un principio: alargando mi mano temblorosamente para tocar el muro. Frené en seco mi acción y me quedé quieta,muy quieta. ¿Cómo podía ser posible? ¿Comenzando otra vez?