Subí la cabeza para mirarle cara a cara, mientras él seguía dando vueltas alrededor de mí, y buscando esos luceros que me llenaban de esperanza, aunque me moría de nervios sin razón aparente. Tenia que preguntarle así que respiré, tomé aliento (más de dos veces) y dejé salir todo lo que llevaba dentro.
- No sé si te molesto ya que se te ve tan concentrado, pero...
No me dejó terminar la frase porque lo hizo él por mi
-...
pero me agradecerías que te contestase a todas esas preguntas que te
rondan por la cabeza. No sabes qué es lo que haces aquí. No sabes qué
significa el muro que te consumía, etc.
No era exactamente lo que me esperaba como respuesta pero, sin embargo, era exactamente lo que iba a decir. Así que viendo lo ocurrido simplemente me callé. Empezaba a sentí que todo en lo que pensaba él lo iba a saber, por lo que decidí pensar en tonterías como 1+1=2 o cosas por el estilo, no sin sentirme como una tonta. Fue entonces cuando se me ocurrió la pregunta más simple hasta el momento; ¿cómo se llama? A lo que su voz contestó apaciblemente: - Eso todavía no te lo puedo decir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario