El mundo pareció detenerse, solo unos instantes o solo unas horas....
quien sabe. Todo resultaba ser tan imposible como volver a acciones
pasadas, pero viendo lo ya vivido, nada era como debería ser. No era
blanco o negro, no eran colores, no era verdad o mentira, no era real o
imaginario.... simplemente era. Cansada de pelear contra viento y
marea en una batalla perdida, decidí dejar de buscar el sentido común
inexistente de mis emociones y de todo aquello. Simplemente me dejé
llevar.
Olvidando lo que a mis espaldas se alzaba empecé a andar
sin rumbo fijo. Lo único que hacía conscientemente era poner un pie
delante de otro y avanzar monótonamente. Unas veces lo hacía en línea
recta, otras giraba ligeramente hacia la derecha o hacia la izquierda...
no sé muy bien... ¿Cómo sabes que lo que tu crees que es la derecha lo
es, si aquello era el mundo del revés? Y viceversa... Sin fuerzas para
seguir dejé de hacerme preguntas.
El paisaje no cambiaba, había
sido siempre el mismo desde que tenía conciencia de haber llegado, así
que para qué ser diferente ¿no? Sin embargo lo que sí era diferente era
el ambiente. Tenía la sensación de ser observada por algo o alguien pero
no veía nada...Todo borroso por la niebla y todo igual; era
desconcertante.
Después de andar un rato, un largo rato, me dio
por mirar detrás para ver lo lejos que había dejado ya el muro. Pero
para mi sorpresa y terror estaba igual de cerca que antes de empezara
andar. Y como si eso fuese poco seguía notando esos ojos desde el vacío
en el que estuviesen.
Esa enorme muralla me llamaba. Era lo que me retenía aquí, seguro. Pero... ¿entonces?
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