Azules...eran tan azules...un azul
cristalino que iluminaba toda la oscuridad de aquel lugar. Me miraban
apaciblemente y calmaban, a su vez, toda la tormenta que tenía en mi
interior. Parecían intentar salir de esas tinieblas y mostrar consigo el
rostro que los portaba, pero este se resistía a dejarse ver. Ya no
había llanto, solo lágrimas que recorrían mis mejillas desde unos
marrones ojos y pronto las pocas lágrimas que persistían en rodar por mi
cara, cayeron en el olvido dando paso desde la tormenta a la
curiosidad.
Sin decir
nada esos ojos transmitían esa seguridad que poco a poco el muro me
había arrebatado, por lo que inevitablemente sentía el tener que
preguntarles todas mis dudas, totalmente convencida de que sabrían las
respuestas. Sin pensarlo dos veces me levanté del "suelo" inexistente,
enjugué mis lágrimas y me coloqué enfrente de la oscura silueta que se
intuía alrededor de aquellos zafiros resplandecientes. Los miré durante
un largo rato, en silencio, pensativa, algo dudosa de preguntar nada...
pero al fin me decidí.
-
No sé quién eres, no sé si eres real o eres como este"mundo" (si esque
lo puedo llamar así), no sé si te tendría que conocer, no sé nada.
Simplemente sé que tengo demasiadas preguntas sin respuestas, así que
¿me podrías ayudar?
No
obtuve respuesta. Era como si se lo estuviera pensando o intentando
decidir si aceptar o no, por lo que simplemente esperé. Un tanto después
yo ya daba toda contestación por perdida cuando de pronto aquellos
preciosos ojos desaparecieron. Me
quedé...¿confundida?...¿sorprendida?... ni idea, simple y llanamente no
se ajustaba a lo preestablecido en mi mente como reacción coherente. Y
sin ton ni son alguien respiraba en mi nuca. Oía su respiración tan
cerca que no sabía si era la suya o la mía. La oía como si estuviese
respirando al lado de mi oído. Su pulso era lento y acompasado, todo lo
contrario al mío; tan acelerado como me podia permitir. Transmitía un
frío sobrecogedor, pero cálido a su manera. Dudé en si girar para ver a
aquella persona que se erguía plácida y confiadamente a mis espaldas
cuando...
-
Sé quién eres, sé qué es lo que quieres, sé tus preocupaciones y tus
sin vivir y sé las respuestas de las preguntas que pasan por tu mente y
de todas aquellas dudas que te desconciertan y te consumen. Únicamente
se me escapa el dato del por qué tu.
¿Por
qué yo? ¿Qué querría decir con eso? ¿Cómo es que me conoce? ¿Por qué
darme más dudas? No era capaz a reaccionar. Más preguntas azotaban mi
razón, me volvían a llevar a la tempestad desaparecida, me arrastraban
consigo al desorden y al desastre. Sin embargo no me alteraron. Había un
no sé qué en ellas que me mantenía serena y razonablemente tranquila.
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